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El flúor en la salud bucodental

El flúor se presenta naturalmente distribuido en plantas (té) y animales (pescado) en forma de fluoruros y también se halla en nuestros tejidos mineralizados, como los huesos.

El efecto beneficioso del flúor fue descubierto cuando se advirtió que la población de áreas geográficas cuyo abastecimiento natural de agua contenía alrededor de 1 ppm de flúor, tenían menos de la mitad de caries que el resto. El flúor se une al calcio del diente y dificulta así la adherencia bacteriana, trastorna la fermentación bacteriana de los azúcares y, en definitiva, cambia la estructura del esmalte dental, le aporta más dureza y defensa ante los ácidos.

La prueba de Hellwege demostró en 1984 el efecto protector del flúor tópico en una estructura cálcica. El extremo de un huevo se introduce en flúor cuatro minutos, se aclara y se sumerge en vinagre. Las burbujas de dióxido de carbono en la mitad no fluorada indican que empieza a disolverse la cáscara, mientras la otra parte resiste más tiempo. Después de introducir el extremo de un huevo en flúor, se coloca en vinagre. Sólo la cáscara no fluorada (con burbujas) comienza a disolverse de inmediato.

Desde hace ya más de cinco décadas los odontólogos recomiendan el uso de flúor para el cuidado de los dientes en adultos y especialmente en niños. Su utilización periódica aumenta la resistencia del esmalte, favorece la remineralización y posee una importante acción antibacteriana.

Los beneficios del flúor se multiplican si es aplicado en niños pequeños, ya que sus piezas dentales aún están en proceso de formación.

El flúor puede administrarse de forma sistémica (en forma de gotas) o de forma tópica, como colutorio y dentífrico. Durante la formación dentaria el flúor sistémico se incorpora a la estructura cristalina del esmalte y da lugar a la formación de fluorapatita y fluorhidroxiapatita, que hace al esmalte más resistente a la desmineralización.

Esta medida preventiva siempre debe ser supervisada e indicada por un especialista. En algunos casos, el odontólogo será el que aplique una capa protectora de flúor en la consulta periódica en forma de gel, de barniz o de soluciones. Sin embargo en la actualidad muchos productos que contienen flúor pueden utilizarse en la rutina de cepillado diario como enjuagues bucales, dentífricos y hasta chicles.

Las dosis de flúor requeridas pueden variar considerablemente de un niño a otro y dependerá de los hábitos alimenticios, de la higiene bucal y del nivel social que posea.

Algunos pediatras desaconsejan el uso de suplementos de flúor en bebés menores de seis meses, mientras que otros recetan flúor en gotas que pueden ser agregadas al biberón o al cereal del niño una vez al día. La cantidad generalmente aconsejada para niños de menos de 3 años es de 0.25 miligramos diarios.

En cualquier caso, las visitas a edades tempranas al dentista son las que aseguran un mejor control de la salud bucal.



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